Signos y síntomas de la ansiedad

La ansiedad no es un problema biológico, ni un problema psicológico, es ambas cosas al mismo tiempo. A partir de la observación de las respuestas biológicas, conductuales y cognitivas podemos inferir si padecemos o no de algún tipo de ansiedad.


Cuando hablamos de signos de ansiedad nos referimos a los cambios característicos (corporales, cognitivos y/o conductuales) propios de un susto o respuesta frente a una
situación estresante. Estos signos aparecen en personas con o sin trastornos de ansiedad, son manifestaciones objetivas y clínicamente fiables. Por ejemplo, una explosión o una catástrofe que pudimos haber presenciado causará signos característicos como pulsaciones aceleradas, respiración agitada, necesidad de huida o hipervigilancia.

El estrés genera signos de respuesta de alarma en cualquier persona. Sin embargo, estas reacciones pueden volverse anómalas y subjetivas a través del tiempo, tornándose así en síntomas. La tabla a continuación muestra una lista exhaustiva de signos o síntomas característicos en cada tipo de respuesta:



Signos o síntomas
Respuestas corporales
Cardiovascular
-Elevación del ritmo del corazón
-Aumento de presión arterial en la sangre
Respiratorio
-Respiración rápida y superficial
-Sensación de ahogo
-Presión torácica
Muscular-esqueletal
-Temblor
-Tensión muscular
-Rigidez
-Espasmos
-Hormigueo
-Movimiento de los párpados
-Debilidad general
-Dolores de cabeza tensionales
Gastrointestinales
-Molestias digestivas
-Sensación de “nudo” o “mariposas” en el estómago
-Nauseas
-Vómitos
-Diarreas
Neurovegetativos
-Sudoración excesiva
-Mareo
-Sequedad de boca
Genito-urinarios
-Aumento de frecuencia de la micción
-eyaculación precoz
-frigidez
De la piel
-Rubor facial
-Aumento de la actividad electrodérmica
-Sudoración


(Nota: no todos los signos se mencionan, la lista se extiende aún más)
Respuestas conductuales
-Hiperactividad
-Movilización del cuerpo para la acción o
-Inhibición del movimiento (paralización)
-Comportamiento compulsivo (rituales)
-Movimientos torpes
-Repetición de acciones
-Sumisión (evitar la pelea, evadir la mirada)
-Agresión (ataque verbal o físico)
Respuestas cognitivas
-creencias o pensamientos
-imágenes
-preocupaciones
-inquietudes o dudas
-malestar o tensión interior
-focalización del peligro potencial
-hipervigilancia o aprensión
-pensamientos negativistas, expectativas negativas
-anticipación del peligro
-sensación de amenaza
-irritabilidad
-sensación de irrealidad del yo y lo que le rodea
-sensación de actuar automáticamente
-sensación de falta de control
-falta de concentración
-dificultad para pensar con claridad y tomar decisiones
-alteraciones del recuerdo
-confusión y dificultad para razonar
-pérdida de objetividad
-bloqueo del pensamiento
-distorsiones cognitivas

¿Por qué surgen estas reacciones y cuáles son sus propósitos?

Es bien sabido que los signos aparecen como una reacción natural del cuerpo a circunstancias estresantes (o que el individuo identifica como tal). Las reacciones corporales se ven activadas, en su mayoría, por el sistema nervioso autónomo (SNA), especialmente el sistema simpático. Por ello, algunas de estas reacciones son iguales (o semejantes) a las que aparecen, por ejemplo, al hacer ejercicio, recibir un susto o ponerse furioso.

Las reacciones conductuales responden a una alerta generada por la percepción de un peligro tangible, situacional o imaginario (según como lo interprete el cerebro), para tratar de evitar a toda costa esa situación. Eso se conoce como conducta de evitación. El cuerpo se prepara para enfrentar el objeto (o situación) temidos, para huir de ello, o para quedarse paralizado frente a ello. Estas son las posibilidades de respuesta. La paralización despierta el sentido de atención en la persona, lo cual la hace volverse más consciente de sí misma y de su entorno o, por el contrario, “desconectarse” del sistema y deja de responder (actividad tónica). Durante este último estado de actividad tónica, se ha observado que algunos animales quedan como muertos frente a la amenaza, cosa que no ocurre normalmente con los humanos, aunque hay casos de personas que refieren una respuesta semejante al haber experimentado, por ejemplo, asaltos brutales (Barlow, et, al, 1996). Otra respuesta de este tipo sería quedarse sin palabras, temblar, tartamudear o desarrollar tics.

Las respuestas cognitivas muestran un amplio abanico de posibilidades que va desde un simple malestar a un profundo pánico (o terror). De igual manera surgen ideas relacionadas con la situación, con las reacciones y con las propias habilidades de afrontamiento. Las tareas pendientes (o las que se están realizando) se desatienden por completo debido la focalización de la atención, que se centra en las emociones.

Relación entre los tres síntomas

Es de suponer que los tres tipos de respuestas (corporales, conductuales y cognitivas) poseen una interacción entre sí, así como poseen también una interacción con el medio social circundante. La reacción de un sistema de respuesta puede constituir el estímulo para otro sistema. Por ejemplo, una percepción de malestar puede implicar un aumento en la activación del sistema nervioso que, a su vez, induce a un incremento del movimiento corporal, y así sucesivamente (Clark y cols, 1999). Pero también puede ocurrir un efecto inverso, como por ejemplo, la percepción de relajación muscular reduce la hiperventilación, lo cual a su vez podría inducir a un cambio en la interpretación del evento, etc.

A pesar de las influencias mutuas, los tres sistemas son parcialmente independientes unos de otros, por lo que no siempre responden de la misma manera o intensidad. Por ejemplo, una persona puede pararse a hablar frente a un público numeroso y parecer como si no experimentara ningún temor, pero si se midiera sus pulsaciones cardíacas y respuestas asociadas al sistema autónomo comprobaríamos que, en realidad, la persona en cuestión estará bastante alterada.

La discrepancia entre respuestas fisiológicas-conductuales-cognitivas pueden deberse a que cada área responde a sectores diferentes del cerebro, pero también a que las influencias externas (como la exigencia social) obliguen cierto comportamiento o forma de pensar. Toda esta autonomía de respuestas podría estar asociada a un adecuado control mental, el cual puede entrenarse y desarrollarse consciente y voluntariamente.

Si existen variaciones entre una situación y otra (entre un sistema y otro), cómo no pensar sobre las diferencias individuales. Las formas de responder de una persona a otra jamás van a ser las mismas. Las respuestas varían de individuo a individuo en forma e intensidad. Pero a pesar de esto, el estudio de la ansiedad debe ser comprensivo y explicar las formas características más generales de respuesta. En otras palabras, deberemos generalizar los comportamientos para tener una mejor comprensión de los problemas de ansiedad. Entonces empiezan a verse ciertos patrones, como las obsesiones del pensamiento, la estereotipia en el comportamiento o las excitaciones repentinas del sistema nervioso autónomo. Unas personas reaccionarán más en función a los síntomas fisiológicos, otras en función de los conductuales y otras más según a las respuestas cognitivas. Estas reacciones, no obstante, son susceptibles de cambio y modificación, de ahí la importancia de la psicoterapia (terapia cognitiva-conductual) o la administración apropiada de medicamentos.

Sin duda, esta visión tridimensional del problema de la ansiedad hace más fácil su estudio y comprensión. Es una forma de comprender el fenómeno a grandes rasgos y poder determinar, con un sentido más práctico, cuál podría ser la dinámica principal sobre la cual estemos funcionando actualmente.

Referencias:

Barlow, D.H., Chorpita, B.R. & Turovsky, J. (1996) Fear, panic, anxiety, and disorders of emotion. Nebraska Symp Motiv, 43, 251-328.

Clark, D.M., Salkovskis, P.M. Hackmann, A. (1999). Brief cognitive therapy for panic disorder: a ramdomized controlled trial. J. Consult Clin Psychol, 67. 583-589.


Craske, M.G. (1999). Anxiety disorders. Psychological approaches to theory and treatment. Boulder, CO: Westview.

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